Aquí dejo el discurso que escribió José Vicente y leyó María para despedir el curso: gracias por vuestro cariño y reconocimiento. Os deseo lo mejor y os doy un abrazo muy fuerte en esta nueva etapa que empezáis. Ya sabéis donde estamos.
Recupero el vídeo que hizo Susana en la Jornada sobre la comunicación: “La cantante calva” y la merienda que creo que se han quedado como un emblema del curso. No tiene sonido, y es una pena pero al menos nos quedan las imágenes para el recuerdo. También he podido recuperar las mitad de los comentarios sobre la obra de vuestros compañeros del diurno, pero no los vuestros, que eran realmente estupendos...
Ante todo, saludar a las familias, profesores/ as, compañeros/as, amigos/as que nos acompañan en este día ten importante para nosotros.
Pues sí, amigos, quién nos lo iba a decir, dos años de vida en el nocturno, toda una experiencia que no olvidaremos jamás. El primer año llegamos con ilusión, fuerza y ganas de aprender y pronto nos dimos cuenta de que esto no era un juego y que había que trabajar duro para aprobar. Además no ha sido fácil para muchos de nosotros compaginar las clases y el trabajo, de manera que hemos tenido que renunciar a muchas cosas. Sin embargo, todos coincidimos en que ha valido la pena. Sí, porque las amistades y las relaciones que hemos forjado las recordaremos siempre; porque el ambiente ha sido inmejorable, tanto dentro como fuera de las aulas, y porque cada uno de los momentos que hemos compartido nos ha enriquecido como personas. Pero todo esto no habría sido posible sin una parte muy importante de este proyecto, el profesorado, que nos ha apoyado, ayudado y empujado para subir la sinuosa cuesta ye escarpada cuesta del bachillerato. A todos ellos queremos reconocerles su labor y darles las gracias de todo corazón.
Así pues, de estos dos años nos llevamos muchas cosas pero, sin duda, lo que verdaderamente quedará en nuestros corazones son los paraísos abiertos de la literatura, pues una de las lecciones más importante que hemos aprendido es que a través de la lectura podemos viajar, reír, llorar, descubrir otras vidas, en fin, cultivarnos.
Pero la cultura no sólo se ha proyectado en las aulas sino más allá rompiendo la aburrida monotonía en que muchas veces se convierten las clases. Así recordamos con nostalgia los viernes de cine y sus coloquios, las obras de teatro a las que tuvimos el privilegio de asistir, como “Urtain”, Boris Gudonov”, “El florido Pensil”, “Enrique IV”, y “La cantante calva”. Igual de inolvidables fueron las excursiones con a Sagunto, al Museo Provincial de Alicante y Lucentum. Pero no menos importantes han sido los estupendos encuentros de convivencia, las meriendas, como el día de Navidad y su cultura y chocolate o la jornada dedicada a la comunicación, en el que además pudimos conocer a nuestros compañeros del diurno. Sin ti imposible, Esperanza.
Así pues, todos nos ha formado y hemos aprendido a convivir y a respetarnos, a comunicarnos, porque un instituto está vivo cuando hay comunicación entre unos y otros. De este modo todos estos momentos compartidos, para algunos mejores que para otros, pero todos intensos y humanos, quedarán eternos e imborrables para nosotros.
Pero ahora hay que hacer borrón y cuenta nueva e intentar alcanzar nuevos sueños y objetivos que nos dan razones para seguir luchando por la vida. En último lugar, nos gustaría citar una frase del célebre cinético alemán Albert Einstein: “Nunca consideres el estudio como obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber. Gracias.
«Te llamo», de Tawfiq Zayyad
Hace 1 día
